Este articulo fue publicado en Diario Libre el 8 de Febrero del 2008 y me parecio bastante interesante y verdadero por esa razon lo publico aqui para compartirlo con todos los que me visitan.
El arte de no enfermarse
Si no se quiere enfermar...
Hable de sus sentimientos.
Emociones y sentimientos que son reprimidos terminan en enfermedades. Entonces, vamos a sincerar, compartir nuestra intimidad, nuestros "secretos", ¡nuestros errores!... El diálogo, la palabra, es un poderoso remedio y una excelente terapia.
Tome decisiones.
La persona indecisa permanece en duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana es hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber perder ventajas y valores para ganar otros.
Busque soluciones.
Personas negativas aumentan los problemas. Prefieren la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Mejor es encender un fósforo que lamentar la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.
No viva de apariencias.
Quien esconde la realidad finge, hace poses, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse perfecto, etc., está acumulando toneladas de peso... Una estatua de bronce con pies de barro. Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas.
Acéptese.
El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a sí mismos son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptar las críticas es sabiduría, buen sentido y terapia.
Confíe.
Quien no confía, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios.
No viva siempre triste.
El buen humor, la risa, el reposo, la alegría recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. "El buen humor nos salva de las manos del doctor".